En síndrome antifosfolipídico (SAF) y vasculitis, la capilaroscopia está mucho menos validada que en esclerosis sistémica o dermatomiositis. Su interés actual se concentra en dos escenarios distintos: reconocer señales microvasculares sugestivas, aunque no específicas, en SAF; y explorar carga inflamatoria o daño vascular en vasculitis sistémicas seleccionadas, especialmente las asociadas a anticuerpos anticitoplasma de neutrófilo (ANCA), donde empiezan a aparecer datos de correlación con actividad y afectación de órgano [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11].

  • En SAF no existe un patrón capilaroscópico específico validado; lo habitual es encontrar estudios normales o anomalías inespecíficas [1, 2, 3, 4].
  • Las hemorragias simétricas son el hallazgo clásico más citado en el SAF, pero no son ni universales ni poseen peso diagnóstico, y pueden confundirse con trauma local o con el contexto de anticoagulación [3, 4, 5, 6, 7].
  • La comparación con controles anticoagulados es importante: en el estudio de Ferrari et al, las hemorragias eran más frecuentes en SAF que en portadores de anticuerpos antifosfolípido sin síndrome, pero no más frecuentes que en controles anticoagulados por otras causas [3].
  • En vasculitis, la capilaroscopia parece más prometedora como ventana para valorar actividad o daño microvascular que como herramienta clasificatoria; los hallazgos publicados siguen siendo exploratorios [8, 9, 10, 11].
  • En vasculitis ANCA (AAV) se han descrito hemorragias, pérdida capilar, neoangiogénesis y tortuosidades en relación con afectación cutánea, pulmonar y renal, con mejoría parcial tras inmunosupresión [9].
  • La prudencia en la interpretación es imprescindible: ninguna anomalía capilar puede sustituir a los criterios SAF, la serología antifosfolípido, la biopsia, la imagen vascular ni el estudio inmunológico estándar de una vasculitis [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11].

Ruta de aprendizaje

Si tu duda clínica es SAF o vasculitis, aquí encontrarás cuándo la capilaroscopia puede proporcionar “sospecha” y cuándo no debe empujarte a extraer conclusiones excesivas. La clave radica en no extrapolar a estos escenarios la lógica que sí funciona en esclerosis sistémica [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11].

SAF: qué se sabe con seguridad

La literatura capilaroscópica sobre SAF es escasa, fragmentaria y sobre cohortes pequeñas. Esta limitación no debe ignorarse, porque condiciona toda la lectura clínica posterior [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7].

El gran estudio retrospectivo de un centro de la European Alliance of Associations for Rheumatology (EULAR) sobre conectivopatías con Raynaud mostró que la mayoría de pacientes con SAF tenían capilaroscopia normal o inespecífica, y solo una minoría exhibía un patrón similar al esclerodérmico [2]. Ferrari et al llegaron a una conclusión parecida: tanto los pacientes con SAF como los portadores de anticuerpos antifosfolípido sin SAF mostraban, sobre todo, anomalías inespecíficas; la verdadera diferencia radicaba en la frecuencia de hemorragias en los primeros frente a los portadores asintomáticos [3].

El estudio clásico de Vaz et al, centrado en SAF primario, añadió otro matiz importante. Encontró alteraciones morfológicas en el 77,8% de los pacientes, pero no una pérdida funcional clara de la densidad ni una alteración concluyente del flujo en reposo [4]. Traducido a lenguaje práctico: en SAF puede existir lesión microvascular visible, pero esta lesión no adopta una morfología única y no se puede adscribir a un patrón fácil de reconocer.

Hemorragias y trampas interpretativas

Las hemorragias simétricas constituyen la anomalía más citada en SAF, pero también la que más fácilmente puede malinterpretarse si se olvida el contexto [3, 4, 5, 6, 7].

Sulli et al ya habían señalado hace años que las anormalidades capilaroscópicas podían verse con más frecuencia en pacientes con anticuerpos antifosfolípido [5]. Aslanidis et al dieron un paso adicional al vincular las hemorragias capilaroscópicas con trombosis y perfil inmunológico antifosfolípido en pacientes de alto riesgo vascular [7]. La limitación es que esta observación nació en poblaciones sesgadas por alta sospecha clínica, por lo que el hallazgo no apoya el uso del procedimiento dentro de una estrategia de cribado generalizable.

Ferrari et al introdujeron una advertencia metodológica decisiva: cuando se compara a pacientes SAF con portadores de anticuerpos pero también con controles anticoagulados por indicaciones no inmunológicas, la ventaja aparente del hallazgo hemorrágico se reduce [3]. Esto obliga a pensar en dos potenciales fuentes de error antes de atribuir una hemorragia al SAF: traumatismo local —incluida la manipulación cosmética— y anticoagulación. Si no se controla este contexto, el hallazgo pierde mucho valor.

Capilaroscopia de un paciente anticoagulado con densidad conservada y hemorragias, sin capilares gigantes
Figura 1. Las hemorragias simétricas son una señal clásica en SAF, pero deben descartarse como causas el traumatismo local —incluida la manipulación cosmética— y la anticoagulación. La imagen procede de un paciente anticoagulado por fibrilación auricular, sin historia reumatológica, y muestra por qué la anticoagulación es un factor de confusión; no es un caso de SAF.
HallazgoQué sugierePrincipal limitación
Hemorragias simétricasPuede aumentar la sospecha de SAF clínico en un contexto compatible [3, 5, 6, 7]No es específica y puede verse influida por anticoagulación o trauma
Patrón inespecíficoEs la presentación más frecuente [2, 3]Aporta poco si no existe una pregunta clínica bien definida
Patrón esclerodermiforme aisladoExiste, pero es minoritario [2]No redefine por sí mismo el diagnóstico ni explica el SAF

¿Sirve para diagnosticar SAF?

La respuesta corta es no, si por diagnosticar entendemos reemplazar los criterios clínicos y de laboratorio. La respuesta larga es que puede contribuir en contextos seleccionados, pero con un rendimiento modesto [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7].

Pyrpasopoulou et al propusieron la capilaroscopia como test de cribado para SAF clínico, y Aslanidis et al la integraron dentro de una estrategia para pacientes con signos de vasculopatía [6, 7]. Sin embargo, estos trabajos no proporcionan un patrón suficientemente robusto como para trasladarlo a una recomendación general. Hoy el razonamiento más seguro sería este: si un paciente con livedo, Raynaud, trombosis o historia obstétrica compatible presenta hemorragias simétricas o una microangiopatía llamativa, la capilaroscopia puede reforzar la sospecha y animar a completar el estudio; pero no puede establecer el diagnóstico sin la serología persistente más los criterios pertinentes.

En el otro extremo, una capilaroscopia normal tampoco permite excluir SAF. La literatura converge en este punto: una parte relevante de los pacientes con SAF confirmado presenta estudios normales, o solo inespecíficos [2, 3]. Este hallazgo es crucial para evitar el uso de la técnica como instrumento para descartar SAF.

Vasculitis: evidencia emergente

A diferencia de lo que ocurre con el SAF, la literatura de vasculitis no se centra tanto en un hallazgo “típico” como en la posibilidad de que la capilaroscopia refleje actividad inflamatoria microvascular. Es una hipótesis atractiva, pero todavía preliminar [8, 9, 10, 11].

Keret et al estudiaron vasculitis sistémicas activas y en remisión frente a controles sanos, y observaron más neoangiogénesis y pérdida capilar en la enfermedad activa; además, describieron dos signos poco explorados, rolling y peri-capillary stippling, que podrían relacionarse con enlentecimiento del flujo y fuga capilar [8]. Son resultados interesantes, pero proceden de una cohorte pequeña y heterogénea. Por tanto, sirven para generar hipótesis, no para imponer un nuevo léxico diagnóstico.

La evidencia más sólida hasta ahora procede de AAV. Matsuda et al encontraron en 51 pacientes un patrón de microangiopatía en el 70,6%, patrón esclerodermiforme en el 7,8%, y correlaciones entre las puntuaciones capilaroscópicas y la gravedad cutánea, pulmonar y renal; además, las hemorragias disminuyeron tras tres meses de inmunosupresión [9]. El mensaje práctico es prometedor: en AAV, la capilaroscopia podría servir como marcador complementario de actividad y respuesta, aunque todavía se necesita validación multicéntrica.

Más recientemente, Bhandare et al mostraron que, en pacientes con vasculitis cutánea, las áreas avasculares, los dropouts, los capilares recedentes y la desorganización fueron más frecuentes que en los controles, y que estos hallazgos se acumulaban en pacientes con afectación sistémica o lesiones ulceradas [11]. Estos hallazgos no “crean” un patrón específico, pero sí sugieren que la técnica puede detectar carga microvascular en un subconjunto de pacientes.

Asas capilares dilatadas en el dedo medio izquierdo en el estudio basal de un caso de AAV MPO positiva A. Dilatación capilar · dedo medio izquierdo (L3B)
Focos hemorrágicos bajo la fila capilar del meñique derecho en el estudio basal del mismo caso de AAV MPO positiva B. Focos hemorrágicos · meñique derecho (R5D)
Figura 2. Campos capilaroscópicos basales de un caso documentado de vasculitis asociada a ANCA MPO positiva con glomerulonefritis rápidamente progresiva: A, dilatación capilar; B, focos hemorrágicos. El estudio completo muestra un patrón inespecífico. Estas imágenes basales no establecen un patrón específico de AAV ni demuestran respuesta al tratamiento.

AAV, Behçet y vasculitis cutánea

El valor de la capilaroscopia no es idéntico en todas las vasculitis. Lo más útil hoy es distinguir entre las condiciones que ya se asocian con señales reproducibles y las que presentan hallazgos anecdóticos [8, 9, 10, 11].

En AAV, la combinación de hemorragias, pérdida capilar, neoangiogénesis y tortuosidades parece consistente y, además, se relaciona con afectación de órgano [9]. En Behçet, la cohorte de Mercadé-Torras mostró anomalías cualitativas, sobre todo capilares tortuosos o anómalos, en el 47,7% de los pacientes, y encontró una asociación entre presentar dos o más anomalías y la enfermedad vascular, especialmente tromboflebitis superficial [10]. Estos hallazgos sugieren una posible utilidad para identificar fenotipos vasculares, pero no un patrón específico de Behçet.

En vasculitis cutánea, la aportación es todavía más exploratoria. Un estudio reciente con dermatoscopio manual detectó más desorganización, dropouts, áreas avasculares y capilares recedentes en pacientes con afectación sistémica, comorbilidad o lesiones ulceradas [11]. Es un resultado clínicamente sugerente porque la técnica es barata y accesible, pero el tamaño muestral y la metodología impiden convertirla todavía en recomendación formal.

EntidadHallazgos más citadosQué puede aportar hoy
SAFHemorragias simétricas, morfología inespecífica [2, 3, 4, 5, 6, 7]Apoyo contextual en pacientes con alta sospecha clínica
AAVHemorragias, pérdida capilar, neoangiogénesis, tortuosidades [9]Posible marcador complementario de actividad y respuesta
BehçetTortuosidades, formas anormales, hemorragias aisladas [10]Señal exploratoria hacia fenotipo vascular
Vasculitis cutáneaDropouts, áreas avasculares, capilares recedentes [11]Método complementario accesible para documentar carga microvascular

Evidencia insuficiente / no encontrada. No existe soporte bibliográfico/práctico suficiente para usar la capilaroscopia como herramienta de cribado universal de vasculitis sistémica ni para sustituir biopsia, imagen vascular o marcadores serológicos.

Cómo informarlo de forma útil

En SAF y vasculitis, un informe útil debe ser todavía más prudente que en LES. En estos contextos es mayor el riesgo de sobrevalorar los hallazgos que el de subestimarlos [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7, 8, 9, 10, 11].

  • Describe si las hemorragias son simétricas, focales, extensas o compatibles con trauma.
  • Si el paciente recibe anticoagulación, inclúyelo expresamente en el contexto interpretativo.
  • En vasculitis, prioriza dominios como pérdida capilar, neoangiogénesis, tortuosidades y desorganización antes de forzar un “patrón”.
  • Evita términos como “capilaroscopia diagnóstica de SAF” o “vasculitis confirmada por la imagen”.
  • Formula conclusiones condicionales: “hallazgos compatibles con microangiopatía inespecífica” o “anomalías que podrían acompañar a actividad vascular”.

Casos clínicos abreviados

Caso 1. SAF anticoagulado con hemorragias

Una paciente con SAF trombótico en tratamiento con warfarina muestra hemorragias periungueales simétricas. El hallazgo es compatible con el síndrome y puede reforzar el contexto vascular, pero debe interpretarse teniendo en cuenta el tratamiento anticoagulante, y no cambia por sí solo el diagnóstico ni la estrategia terapéutica [3, 4, 5, 6, 7].

Caso 2. AAV con afectación pulmonar y renal

Un paciente con AAV activa presenta pérdida capilar, hemorragias y neoangiogénesis. La capilaroscopia añade una señal de actividad microvascular coherente con el cuadro sistémico y puede ser útil para documentar respuesta tras inmunosupresión, pero la decisión terapéutica sigue descansando en la escala de actividad BVAS, función renal, imagen y, cuando proceda, histología [8, 9].

FAQ

¿Existe un patrón específico de SAF?

No. El hallazgo más citado son las hemorragias simétricas, pero no constituyen un patrón específico validado [2, 3, 4, 5, 6, 7].

¿La capilaroscopia puede diagnosticar SAF?

No. Puede apoyar la sospecha en un contexto adecuado, pero no sustituye criterios clínicos ni serología persistente [1, 2, 3, 4, 5, 6, 7].

¿La anticoagulación puede dificultar la interpretación?

Sí. Es uno de los principales factores de confusión cuando se interpretan hemorragias en SAF [3].

¿En qué vasculitis la evidencia es más consistente hasta ahora?

En la AAV es donde se han observado señales más claras de asociación entre hallazgos capilaroscópicos y gravedad clínica [9].

¿Puede usarse para monitorizar la respuesta al tratamiento en vasculitis?

Existen datos preliminares, sobre todo en AAV, pero todavía no está validada como marcador longitudinal estándar [8, 9].

¿Una capilaroscopia normal excluye SAF o vasculitis?

No. En ambas entidades pueden verse estudios normales o solo inespecíficos [2, 3, 8, 9, 10, 11].

Glosario

SAF
Síndrome antifosfolipídico, entidad tromboinflamatoria definida por criterios clínicos y serológicos de persistencia.
Hemorragias simétricas
Extravasaciones capilares repetidas en varios dedos con distribución relativamente regular; en SAF son sugestivas, pero no específicas.
Rolling
Descripción exploratoria propuesta en vasculitis sistémica para un enlentecimiento visible del flujo capilar.
Peri-capillary stippling
Depósitos puntiformes pericapilares descritos en una cohorte pequeña de vasculitis activa y todavía sin validación externa amplia.
AAV
Vasculitis asociada a ANCA, grupo de vasculitis de pequeño vaso donde la capilaroscopia ha demostrado mayor utilidad clínica fuera del espectro esclerodérmico.

Referencias

  1. Smith V, Ickinger C, Hysa E, Snow M, Frech T, Sulli A, et al. Nailfold capillaroscopy. Best Pract Res Clin Rheumatol. 2023;37(1):101849. doi: 10.1016/j.berh.2023.101849. PMID: 37419757.
  2. Hysa E, Pizzorni C, Sammorì S, Gotelli E, Cere A, Schenone C, et al. Microvascular damage in autoimmune connective tissue diseases: a capillaroscopic analysis from 20 years of experience in a EULAR training and research referral centre for imaging. RMD Open. 2023;9(3):e003071. DOI: 10.1136/rmdopen-2023-003071. PMID: 37451812.
  3. Ferrari G, Gotelli E, Paolino S, Pesce G, Nanni L, Colombo BM, et al. Antiphospholipid antibodies and anticoagulant therapy: capillaroscopic findings. Arthritis Res Ther. 2021;23(1):175. doi: 10.1186/s13075-021-02551-6. PMID: 34176504.
  4. Vaz JL, Dancour MA, Bottino DA, Bouskela E. Nailfold videocapillaroscopy in primary antiphospholipid syndrome (PAPS). Rheumatology (Oxford). 2004;43(8):1025-7. doi: 10.1093/rheumatology/keh233. PMID: 15187240.
  5. Sulli A, Pizzorni C, Cutolo M. Nailfold videocapillaroscopy abnormalities in patients with antiphospholipid antibodies. J Rheumatol. 2000;27(6):1574-1576. PMID: 10852305.
  6. Pyrpasopoulou A, Triantafyllou A, Anyfanti P, Douma S, Aslanidis S. Capillaroscopy as a screening test for clinical antiphospholipid syndrome. Eur J Intern Med. 2011;22(6):e158-e159. DOI: 10.1016/j.ejim.2011.07.007. PMID: 22075311.
  7. Aslanidis S, Pyrpasopoulou A, Doumas M, Triantafyllou A, Chatzimichailidou S, Zamboulis C. Association of capillaroscopic microhaemorrhages with clinical and immunological antiphospholipid syndrome. Clin Exp Rheumatol. 2011;29(2):307-309. PMID: 21385543.
  8. Keret S, Mazzawi J, Slobodin G, Rimar O, Rosner I, Rozenbaum M, et al. Nailfold video capillaroscopy as a useful diagnostic tool in systemic vasculitis. Microvasc Res. 2022;143:104406. DOI: 10.1016/j.mvr.2022.104406. PMID: 35835173.
  9. Matsuda S, Kotani T, Wakura R, Suzuka T, Kuwabara H, Kiboshi T, et al. Examination of nailfold videocapillaroscopy findings in ANCA-associated vasculitis. Rheumatology (Oxford). 2023;62(2):747-757. DOI: 10.1093/rheumatology/keac402. PMID: 35816001.
  10. Mercadé-Torras JM, Guillén-Del-Castillo A, Buján S, Solans-Laque R. Nailfold videocapillaroscopy abnormalities and vascular manifestations in Behçet's syndrome. Clin Exp Rheumatol. 2024;42(10):2065-2070. DOI: 10.55563/clinexprheumatol/v5mz8d. PMID: 39404484.
  11. Bhandare P, Naik R, Mahesh Y, Ghodge R. Nailfold Capillaroscopic (NFC) Changes in Vasculitis and Their Correlation with Systemic Involvement: A Cross-Sectional Study. Indian Dermatol Online J. 2025;16(6):928-933. DOI: 10.4103/idoj.idoj_859_24. PMID: 40814970.

Última actualización: 26 de agosto de 2026.

Uso informativo: Este contenido tiene fines educativos y no sustituye la valoración clínica individual, las guías aplicables ni la interpretación por profesionales con experiencia en capilaroscopia.